Alfabetización y Alto Rendimiento: Aprender a leer el mundo para poder transformarlo
En una época dominada por la inteligencia artificial, la automatización y el acceso inmediato a cantidades extraordinarias de información, podría parecer que el analfabetismo es un problema perteneciente al pasado. Sin embargo, en México todavía existen millones de personas que no saben leer ni escribir, además de una población mucho mayor que no ha podido concluir su educación básica.
De acuerdo con la Secretaría de Educación Pública, México logró reducir la tasa nacional de analfabetismo a 3.8% durante 2025, después de que cerca de 190 mil personas fueran alfabetizadas ese año. Aun así, el reto permanece y afecta de manera particularmente importante a determinadas regiones y grupos de población.
Hablar de alfabetización, por lo tanto, no es únicamente hablar de educación; es hablar de libertad, oportunidades, productividad, dignidad y capacidad para construir un proyecto de vida.
Desde la perspectiva del alto rendimiento humano, existe una reflexión todavía más profunda: difícilmente podemos pedirle a una persona que desarrolle todo su potencial cuando no ha tenido acceso siquiera a las herramientas fundamentales para comprender, comunicar y transformar su realidad.

Una deuda que México todavía tiene
México ha avanzado considerablemente en alfabetización durante las últimas décadas, pero los promedios nacionales pueden ocultar enormes desigualdades.
Las estimaciones oficiales del INEA para 2024 señalaban que alrededor de 4.1 millones de mexicanos mayores de 15 años no sabían leer ni escribir. Además, el problema tenía una marcada dimensión territorial: Chiapas, Guerrero y Oaxaca registraban tasas de analfabetismo superiores al 10%.
Esto significa que hablar de analfabetismo en México también implica hablar de desigualdad. El lugar donde una persona nace, sus condiciones económicas, su acceso a una escuela, su lengua, su entorno familiar o la necesidad de comenzar a trabajar desde una edad temprana pueden determinar sus oportunidades educativas.
Por ello, alfabetizar significa reducir una brecha que condiciona prácticamente todos los ámbitos de la vida.
Leer y escribir también significa poder decidir
Imaginemos por un momento las actividades aparentemente sencillas que realizamos durante cualquier día: leer las instrucciones de un medicamento, comprender un contrato, interpretar una señal, realizar un trámite, utilizar una aplicación bancaria, buscar empleo o entender información relacionada con nuestros derechos. Para quien no sabe leer y escribir, muchas de estas actividades pueden convertirse en obstáculos enormes.
La alfabetización genera autonomía; una persona alfabetizada tiene mayores herramientas para comprender información, evaluar alternativas, expresar ideas y tomar decisiones de manera independiente. Y esa capacidad de decidir es también uno de los fundamentos del alto rendimiento. El desarrollo personal comienza cuando una persona descubre que puede ejercer mayor influencia sobre su propia realidad.
Alfabetización y productividad
La educación también está profundamente vinculada con las oportunidades laborales. En una economía cada vez más digitalizada, prácticamente cualquier actividad profesional requiere algún nivel de comprensión lectora, comunicación escrita o manejo de información.
Incluso muchos oficios que históricamente podían realizarse con poca escolaridad requieren actualmente interactuar con plataformas digitales, sistemas administrativos, dispositivos electrónicos o procesos de capacitación. Por eso, la alfabetización no es solamente una política social, es una inversión en productividad.
Cuando una persona aprende a leer y escribir, aumenta su capacidad para capacitarse, adquirir nuevas habilidades, utilizar tecnología y participar en actividades económicas de mayor valor. El talento puede existir en cualquier lugar, pero las oportunidades para desarrollarlo, lamentablemente, no.
Alto rendimiento no significa elitismo
Existe un error importante cuando asociamos el alto rendimiento únicamente con ejecutivos, empresarios, atletas o profesionales altamente especializados. El alto rendimiento humano comienza mucho antes.
Empieza cuando una persona desarrolla las herramientas necesarias para avanzar respecto de su propia realidad. Para alguien, alto rendimiento puede significar dirigir una compañía internacional; y para otra persona puede significar aprender a leer a los 60 años y, por primera vez, poder escribir el nombre de sus hijos, comprender un documento o realizar un trámite sin depender de alguien más. Ambos representan procesos de superación.
Por eso, una visión verdaderamente humana del alto rendimiento no pregunta solamente hasta dónde llegó una persona, sino también desde dónde comenzó.
De la alfabetización tradicional a la alfabetización del siglo XXI
Existe además un nuevo desafío: Hoy saber leer y escribir ya no es suficiente. El mundo contemporáneo requiere desarrollar también alfabetización digital, financiera, mediática y tecnológica.
Una persona necesita aprender a distinguir información confiable de desinformación, comprender los riesgos de Internet, utilizar herramientas digitales, proteger sus datos y adaptarse a tecnologías como la inteligencia artificial.
Paradójicamente, mientras millones de personas están aprendiendo a utilizar sistemas tecnológicos extraordinariamente avanzados, otras continúan intentando acceder a las herramientas educativas más elementales. Cerrar ambas brechas será uno de los grandes desafíos de los próximos años.
Alfabetizar también es generar confianza
Aprender durante la edad adulta presenta retos particulares. Muchas personas que no tuvieron acceso a la educación pueden experimentar vergüenza, inseguridad o la creencia de que ya es demasiado tarde para aprender. Por eso, los programas de alfabetización necesitan algo más que metodología educativa: necesitan empatía.
En 2026, la estrategia nacional continúa atendiendo a millones de personas y ha buscado ampliar su alcance mediante un enfoque comunitario y territorial. Enseñar a una persona adulta a leer y escribir también significa ayudarla a recuperar confianza en su propia capacidad; y pocas cosas están más relacionadas con el alto rendimiento que descubrir que todavía podemos aprender.
Empresas y líderes también tienen una responsabilidad
La alfabetización no debe considerarse únicamente responsabilidad del gobierno o de las instituciones educativas; empresas, universidades, organizaciones civiles y líderes sociales pueden participar en la solución.
Una empresa puede detectar necesidades educativas entre sus trabajadores o comunidades cercanas; una universidad puede movilizar estudiantes como voluntarios; y un profesional puede aportar conocimientos, recursos o tiempo.
El alto rendimiento adquiere otra dimensión cuando dejamos de preguntarnos únicamente: ¿Cómo puedo crecer? y comenzamos a preguntarnos:
¿Cómo puedo utilizar lo que sé para que alguien más también pueda crecer?
Una inversión que transforma generaciones
Cuando una persona aprende a leer y escribir, el beneficio difícilmente termina en ella.
La alfabetización puede transformar dinámicas familiares completas. Padres y madres con mayores herramientas educativas pueden acompañar mejor el aprendizaje de sus hijos, acceder a información, tomar decisiones y generar nuevas expectativas dentro de sus hogares.
Por eso, combatir el analfabetismo no significa únicamente modificar una estadística; significa ampliar posibilidades. Significa permitir que millones de personas tengan mejores herramientas para participar en la economía, ejercer sus derechos, cuidar su salud, educar a sus hijos y construir un proyecto de vida.
Conclusión
México ha avanzado significativamente en materia de alfabetización, pero todavía existen comunidades y personas para quienes leer y escribir continúa siendo una oportunidad pendiente. El reto, además, no termina con enseñar las primeras letras: el país mantiene importantes desafíos de rezago educativo y desigualdad territorial.
En 2024, INEGI estimó que 24.2 millones de personas presentaban rezago educativo, con una incidencia particularmente importante en el ámbito rural. Desde la perspectiva del alto rendimiento, esta realidad nos obliga a ampliar nuestra definición del éxito.
No podemos hablar únicamente de productividad, liderazgo, innovación o inteligencia artificial mientras millones de personas continúan luchando por acceder a las herramientas fundamentales del conocimiento. El verdadero alto rendimiento humano comienza con la posibilidad de aprender.
Alfabetizar no significa únicamente enseñar a alguien a leer una palabra; significa ayudarlo a leer una oportunidad, a comprender sus derechos, a escribir sus propias decisiones. Y, quizá lo más importante, a descubrir que también puede escribir una historia diferente para su vida.
Una sociedad de alto rendimiento es aquella que procura que nadie se quede sin las herramientas necesarias para comenzar el camino.
“Ama, Vive, Sueña y regálate cada instante presente”.
Jimmy Rofe
High Performance Consulting
*Sígueme en mis redes: https://www.appwebmovil.com/coachjimmyrofe/




Comentarios