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Cuidar nuestro hábitat para vivir y rendir mejor: El entorno que construimos también construye nuestra capacidad de alcanzar nuestro máximo potencial

hace 15 horas
5 min de lectura

Cada año, el primer lunes de octubre se conmemora el Día Mundial del Hábitat, una fecha promovida por las Naciones Unidas para reflexionar sobre las condiciones en las que vivimos y sobre la responsabilidad que tenemos de construir ciudades y comunidades más sostenibles, seguras, inclusivas y saludables.

 

Nuestro hábitat comprende los espacios donde vivimos, trabajamos, estudiamos, convivimos y nos desarrollamos. Incluye nuestras casas, calles, ciudades, áreas verdes, sistemas de transporte, espacios públicos y, en un sentido más amplio, el entorno natural del que depende nuestra existencia.

 

Cuando hablamos de alto rendimiento humano, solemos concentrarnos en hábitos personales: dormir mejor, hacer ejercicio, alimentarnos adecuadamente, establecer objetivos y administrar nuestro tiempo. Todo esto es importante, pero existe un factor que puede pasar inadvertido: las condiciones del entorno también influyen en nuestra capacidad para pensar, trabajar, descansar y relacionarnos.

 

Por lo anterior, cuidar nuestro hábitat es una responsabilidad ambiental y una forma de cuidar nuestra salud y nuestro potencial.


 

El lugar donde vivimos importa

 

Nuestro entorno cotidiano puede facilitar o dificultar nuestra calidad de vida. Una vivienda con condiciones adecuadas de iluminación, ventilación, temperatura, higiene y seguridad ofrece mejores condiciones para descansar y desarrollar nuestras actividades. De la misma manera, una ciudad con espacios públicos accesibles, áreas verdes, movilidad eficiente y servicios adecuados puede favorecer una vida más activa y saludable.

 

La Organización Mundial de la Salud reconoce que las condiciones del entorno urbano tienen importantes implicaciones para la salud y señala que las ciudades necesitan integrar espacios verdes y azules, movilidad activa y otras características que favorezcan el bienestar. Por lo tanto, el alto rendimiento ocurre dentro de un entorno.

 

Un cerebro que también depende del entorno

 

El cerebro necesita condiciones adecuadas para funcionar. La contaminación atmosférica, el ruido excesivo, las temperaturas extremas, la falta de espacios verdes y determinadas condiciones de vivienda pueden afectar la salud y el bienestar.

 

La contaminación del aire, por ejemplo, está asociada con múltiples enfermedades y representa uno de los principales riesgos ambientales para la salud. Esto tiene una consecuencia directa para nuestra capacidad de rendimiento.

 

Una persona puede desarrollar excelentes estrategias de productividad, pero si vive permanentemente expuesta a condiciones ambientales perjudiciales, existen factores externos que pueden afectar su bienestar.  Por eso, cuidar nuestro hábitat también significa cuidar las condiciones que permiten que nuestro cuerpo y nuestra mente funcionen adecuadamente.

 

Naturaleza y recuperación

 

La relación con la naturaleza también merece especial atención.  Durante gran parte de la historia humana, nuestra vida estuvo estrechamente vinculada con ambientes naturales. Hoy, una proporción cada vez mayor de la población vive en ciudades y pasa gran parte del día dentro de edificios, vehículos y espacios digitales.

 

Recuperar el contacto con la naturaleza puede convertirse en una herramienta de bienestar.  Caminar por un parque, estar cerca de árboles, contemplar un espacio natural o simplemente pasar tiempo al aire libre puede ofrecer un cambio significativo respecto de los ambientes cerrados y las pantallas.

 

Las áreas verdes urbanas pueden favorecer la actividad física, la interacción social y el bienestar mental, además de aportar beneficios ambientales.  Desde el alto rendimiento, estos espacios pueden convertirse en escenarios de recuperación; a veces, recuperar energía significa cambiar de entorno.

 

Hábitat y productividad

 

El lugar donde trabajamos también forma parte de nuestro hábitat. Una oficina mal ventilada, excesivamente ruidosa, con iluminación deficiente o con temperaturas incómodas puede convertirse en una fuente permanente de distracción y desgaste.

 

Por el contrario, los espacios diseñados considerando las necesidades humanas pueden facilitar concentración, colaboración y bienestar.  Esto es especialmente relevante en una época en la que el trabajo híbrido y remoto ha trasladado parte de la actividad profesional al hogar.

 

Ahora muchas personas necesitan convertir un espacio de su casa en oficina, salón de clases, lugar de reuniones y, al mismo tiempo, espacio de descanso.  La frontera entre vida personal y trabajo se ha vuelto más compleja.  Por eso, diseñar conscientemente nuestros espacios también es una forma de gestionar nuestra energía.

 

Cuidar nuestro hábitat comienza en casa

 

El cuidado del hábitat puede parecer una responsabilidad demasiado grande cuando pensamos en cambio climático, urbanización o contaminación.  Sin embargo, también comienza con decisiones cotidianas como las siguientes:

·       Reducir desperdicios.

·       Ahorrar agua.

·       Utilizar responsablemente la energía.

·       Separar residuos cuando existen sistemas adecuados para hacerlo.

·       Evitar el consumo innecesario.

·       Cuidar las áreas comunes.

·       Mantener limpios nuestros espacios.

·       Respetar las áreas verdes.

 

Estas acciones pueden parecer pequeñas, pero forman parte de una cultura de responsabilidad.  El alto rendimiento se construye de la misma manera: mediante pequeñas decisiones repetidas consistentemente.

 

El hábitat también es comunidad

 

Existe una dimensión social que no podemos olvidar.  Nuestro hábitat no termina en las paredes de nuestra casa; también incluye a las personas con quienes compartimos calles, edificios, oficinas, escuelas y espacios públicos.

 

Una comunidad saludable requiere cooperación. Respetar al vecino, cuidar los espacios comunes, evitar tirar basura, reducir comportamientos que afecten a otras personas y participar en iniciativas comunitarias son expresiones concretas de responsabilidad.  Esto tiene una relación directa con el liderazgo.

 

De consumidores del hábitat a responsables del hábitat

 

Una de las transformaciones más importantes que necesitamos realizar es pasar de una actitud de consumo a una actitud de responsabilidad.  Por eso, cuidar el hábitat no puede ser responsabilidad exclusiva de gobiernos, empresas u organizaciones ambientales; es una responsabilidad compartida.

 

Las empresas pueden diseñar espacios laborales más saludables y sostenibles. Los gobiernos pueden desarrollar mejores políticas urbanas. Las comunidades pueden organizarse. Y los ciudadanos pueden modificar hábitos. Cada nivel tiene una responsabilidad diferente.

 

Alto rendimiento y sostenibilidad

 

Existe una conexión profunda entre sostenibilidad y alto rendimiento.  Una persona puede alcanzar grandes resultados durante algunos años a costa de destruir su salud; una empresa puede crecer rápidamente agotando a sus colaboradores; una ciudad puede expandirse sacrificando sus espacios naturales; un modelo de desarrollo puede generar riqueza utilizando recursos de manera insostenible.  Pero ninguno de estos modelos puede mantenerse indefinidamente.

 

El verdadero alto rendimiento exige sostenibilidad. Lo que funciona extraordinariamente bien durante un corto periodo, pero termina agotando sus recursos, no es realmente un sistema de alto rendimiento; es un sistema que consume su propio futuro.

 

El liderazgo del futuro será también ambiental

 

Las nuevas generaciones están creciendo en un contexto donde los problemas ambientales ya no son una preocupación distante: la calidad del aire, disponibilidad de agua, temperaturas extremas, pérdida de biodiversidad, residuos y crecimiento urbano son asuntos que afectan directamente la calidad de vida.

 

Por eso, el liderazgo del futuro necesitará integrar una nueva dimensión: la capacidad de tomar decisiones considerando no solamente los resultados inmediatos, sino también sus consecuencias a largo plazo.  Esta perspectiva puede aplicarse tanto a una familia como a una empresa.  Preguntarnos qué dejamos detrás de nosotros es una de las expresiones más profundas de responsabilidad.

 

En el marco del Día Mundial del Hábitat, vale la pena ampliar nuestra definición de alto rendimiento:

·No podemos hablar de seres humanos saludables sin hablar de entornos saludables.

·No podemos hablar de productividad sostenible sin hablar de espacios adecuados.

·No podemos hablar de bienestar sin considerar la calidad de nuestras ciudades y comunidades.

·No podemos hablar de futuro sin preguntarnos qué tipo de hábitat estamos construyendo para las próximas generaciones.

 

Cuidar nuestro hábitat significa reconocer que nuestra salud y nuestro desempeño están conectados con el mundo que habitamos.

 

El verdadero alto rendimiento comienza cuando comprendemos que somos parte de un sistema mucho más grande que nosotros mismos.  Al final, no existe un lugar separado llamado “medio ambiente”; el ambiente es el lugar donde vivimos.

 

Cuando cuidamos el lugar que hace posible nuestra vida, estamos cuidando también aquello que nos permite aprender, crear, trabajar, amar, liderar y alcanzar nuestro máximo potencial.

 

El reto es construir un hábitat donde las personas puedan vivir bien, desarrollarse plenamente y alcanzar un alto rendimiento sin comprometer el futuro.

 

“Ama, Vive, Sueña y regálate cada instante presente”.

 

Jimmy Rofe

High Performance Consulting

 

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