Moverse Diferente para Vivir Mejor: Dejar el auto y su relación con el alto rendimiento humano
Cada 22 de septiembre, el Día Mundial sin Auto nos invita a realizar un ejercicio aparentemente sencillo: dejar estacionado el automóvil y buscar otra manera de desplazarnos. Caminar, utilizar la bicicleta, recurrir al transporte público o compartir trayectos pueden parecer pequeñas decisiones, pero detrás de ellas existe una reflexión mucho más amplia sobre nuestra salud, nuestras ciudades, el medio ambiente y la forma en que administramos uno de nuestros recursos más importantes: nuestra energía.
El automóvil ha sido uno de los grandes avances de la movilidad moderna. Nos proporciona independencia, comodidad y, en muchos contextos, representa una herramienta indispensable; pero hablar de un día sin auto no significa demonizarlo ni pretender que todas las personas pueden prescindir de él.
Lo que vale la pena preguntarnos es: ¿Necesitamos utilizarlo para todos nuestros desplazamientos?
Desde la perspectiva del alto rendimiento humano, cuestionar algunos de nuestros hábitos automáticos puede abrir oportunidades para movernos más, cuidar nuestra salud, reducir estrés y construir ciudades más habitables.

Hemos ganado comodidad, pero hemos perdido movimiento
Uno de los grandes cambios en el estilo de vida moderno ha sido la reducción progresiva de la actividad física cotidiana. Muchas personas despiertan, se trasladan en automóvil, trabajan durante horas frente a una computadora, vuelven a subir al vehículo y terminan el día frente a otra pantalla. El cuerpo humano, sin embargo, necesita movimiento.
La Organización Mundial de la Salud advierte que aproximadamente 31% de los adultos del mundo —unos 1,800 millones de personas— no alcanzaban en 2022 los niveles recomendados de actividad física. Si la tendencia continúa, la proporción podría aumentar hasta 35% hacia 2030.
Reducir algunos trayectos en automóvil puede convertirse en una manera sencilla de incorporar movimiento a actividades que de cualquier forma tenemos que realizar. Caminar diez o quince minutos para llegar a algún lugar no necesariamente representa tiempo perdido; puede representar salud incorporada a nuestra agenda.
Movimiento y alto rendimiento
La relación entre actividad física y desempeño humano es especialmente relevante. Moverse regularmente beneficia la salud cardiovascular, muscular y metabólica, pero también se relaciona con beneficios para el bienestar mental, el sueño y la función cognitiva. La OMS recomienda que los adultos acumulen entre 150 y 300 minutos semanales de actividad física aeróbica moderada, además de ejercicios de fortalecimiento muscular.
Desde la perspectiva del alto rendimiento, esto nos obliga a cambiar una creencia frecuente: El ejercicio no compite con la productividad; la sostiene. Una persona con mejor condición física, mayor energía y hábitos saludables dispone de mejores condiciones para concentrarse, tomar decisiones y enfrentar las demandas de su vida profesional; y no toda actividad física necesita suceder dentro de un gimnasio. Caminar hacia una reunión cercana, desplazarse en bicicleta o combinar transporte público con trayectos a pie también puede formar parte de una vida activa.
El costo invisible del tráfico
Existe otro elemento importante: el estrés asociado con los desplazamientos. Millones de personas comienzan y terminan sus jornadas laborales dentro del tráfico. Congestionamientos, ruido, incertidumbre en los tiempos de traslado y largos periodos sentados pueden convertir el desplazamiento diario en una fuente adicional de tensión. El problema no es únicamente cuánto tarda el trayecto sino en qué estado llegamos después de realizarlo.
Desde el alto rendimiento, la gestión de energía resulta tan importante como la gestión del tiempo. Llegar diez minutos antes tiene poco valor si llegamos irritados, agotados o mentalmente saturados. Por ello, cuando existen opciones seguras y eficientes, caminar, utilizar bicicleta o transporte público puede modificar no solamente nuestra forma de movernos, sino nuestra experiencia cotidiana.
Respirar mejor también importa
El uso intensivo de vehículos también tiene consecuencias colectivas. El transporte es una fuente relevante de contaminación atmosférica y emisiones de gases de efecto invernadero. La contaminación del aire, por su parte, constituye uno de los principales riesgos ambientales para la salud humana y está asociada con enfermedades cardiovasculares, respiratorias y otros problemas de salud.
Buscamos constantemente maneras de mejorar nuestra salud individual mientras vivimos en ciudades cuyas condiciones ambientales pueden perjudicarla. El alto rendimiento necesita ampliar su perspectiva. No basta con cuidar nuestro cuerpo dentro de casa o del gimnasio, también necesitamos construir ambientes que favorezcan la salud colectiva.
Una ciudad con menos contaminación, menos ruido y mejores posibilidades para caminar no beneficia únicamente al planeta, beneficia directamente a las personas que viven en ella.
Caminar también puede ser un espacio mental
Existe además un beneficio menos evidente de desplazarnos de otra manera: recuperar espacios para pensar. Cuando conducimos necesitamos mantener nuestra atención en el tránsito; en cambio, cuando realizamos un trayecto caminando, podemos disponer de algunos minutos para observar, reflexionar o simplemente alejarnos temporalmente de las pantallas.
En una sociedad hiperconectada, esos pequeños espacios pueden adquirir enorme valor. No todos los minutos del día necesitan estar ocupados por mensajes, llamadas, contenidos o reuniones; el cerebro también necesita momentos de transición y caminar puede convertirse en uno de ellos.
La movilidad también es una cuestión de diseño
Sería injusto convertir el Día sin Auto en una exigencia individual, ya que no todas las personas pueden dejar de utilizar un automóvil.
Las distancias, la discapacidad, la seguridad, las condiciones climáticas, los horarios laborales y la disponibilidad de transporte público determinan qué alternativas son realmente posibles. Por eso, una cultura de movilidad saludable necesita también infraestructura adecuada:
· banquetas accesibles
· transporte público eficiente
· ciclovías seguras
· iluminación
· accesibilidad universal
· y una planeación urbana que reduzca la necesidad de realizar grandes desplazamientos
El alto rendimiento no depende exclusivamente de la voluntad individual, ya que los sistemas también pueden facilitar o dificultar los buenos hábitos.
El tiempo detrás del volante
Existe además una pregunta interesante para cualquier profesional preocupado por su productividad: ¿Cuántas horas de nuestra vida destinamos a conducir?
En determinados contextos, el automóvil será la opción más eficiente; pero en otros, quizá utilizamos el vehículo simplemente porque se convirtió en un hábito. Cuestionar ese automatismo puede revelar alternativas. Tal vez una reunión puede realizarse caminando desde la oficina, tal vez algunos trayectos pueden hacerse en bicicleta, puede que dos personas que se desplazan al mismo lugar pueden compartir automóvil.
Ciertos desplazamientos ni siquiera son necesarios; el alto rendimiento también consiste en revisar periódicamente nuestros sistemas y preguntarnos si la forma en que siempre hemos hecho algo sigue siendo la mejor.
Dejar el auto también puede mejorar nuestras ciudades
Cuando una persona cambia ocasionalmente su forma de desplazarse, el impacto parece insignificante; pero cuando miles de personas lo hacen, cambia una ciudad.
Menos automóviles pueden significar menos congestión, menor contaminación, menos ruido y mayor espacio disponible para las personas. Además, caminar permite recuperar algo que el automóvil muchas veces elimina: el contacto con la comunidad. Cuando caminamos observamos comercios, saludamos personas, conocemos calles y experimentamos nuestro entorno de una manera distinta.
Una ciudad no debería ser solamente un espacio que atravesamos para llegar de un punto a otro, también debería ser un lugar que podemos vivir.
Alto rendimiento también significa eficiencia
Alto rendimiento significa utilizar inteligentemente nuestros recursos para obtener mejores resultados de manera sostenible. Y esos recursos incluyen:
· tiempo
· dinero
· energía
· salud
· atención
· y entorno
Una persona de alto rendimiento no necesariamente utiliza el medio de transporte más rápido, utiliza el que resulte más adecuado para cada situación. Algunas veces será el automóvil y otras será caminar. La clave está en elegir conscientemente en lugar de actuar automáticamente.
Un día sin auto como experimento
Quizá el verdadero valor del Día Mundial sin Auto sea entenderlo como un experimento, no se trata de prometer que nunca volveremos a conducir. Se trata simplemente de observar qué sucede cuando modificamos nuestra rutina durante un día.
¿Cuánto caminamos?
¿Cómo cambia nuestra energía?
¿Qué descubrimos en nuestro entorno?
¿Cuánto dinero ahorramos?
¿Podríamos repetir alguno de esos cambios una o dos veces por semana?
Las transformaciones sostenibles rara vez comienzan con decisiones extremas; con frecuencia comienzan con pequeños experimentos que demuestran que existe otra manera de hacer las cosas.
En el marco del Día Mundial sin Auto, la invitación no debería ser declarar una guerra contra el automóvil sino recuperar nuestra capacidad de elegir cómo queremos movernos.
Utilizar menos el automóvil cuando las circunstancias lo permiten puede ayudarnos a incorporar actividad física, reducir determinados factores de estrés, disminuir nuestro impacto ambiental y recuperar una relación diferente con nuestras ciudades.
El automóvil nos dio una extraordinaria libertad para llegar más lejos; ahora el desafío consiste en desarrollar otra libertad igualmente importante: saber cuándo podemos dejarlo estacionado. El verdadero alto rendimiento no consiste únicamente en llegar rápidamente a nuestro destino sino en construir hábitos que nos permitan llegar con más salud, más energía y una mejor calidad de vida.
“Ama, Vive, Sueña y regálate cada instante presente”.
Jimmy Rofe
High Performance Consulting
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